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Experiencia de una mujer mexicana que dedicó su vida a la partería



A continuación, se presenta una breve reseña de una mujer con experiencia en la partería en México. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la partería se define como la atención a las mujeres durante el embarazo, parto, puerperio y la atención del recién nacido. Partiendo del interés en este tema, sobre como las mujeres realizaban la práctica de partería tradicional, la cual, con el trascurso del tiempo se está perdiendo, el día 27 de mayo de 2021 se realizó una entrevista a una partera mexicana quien nació en Teziutlán, Puebla, el 1º de marzo de 1937, y quien practicó la partería durante 30 años.


Para este ejercicio, se elaboró un total de 11 preguntas para orientar el proceso y fue desarrollado el respectivo consentimiento informado, en el cual, se dio a conocer el objetivo del presente relato siendo aceptado por la partera para ser entrevistada, procediendo a la realización de las preguntas que a continuación se indican y obteniendo los siguientes resultados sobre su experiencia.


“Una de las primeras actividades que realizaba como partera, era generar en primera estancia un trato digno a la parturienta siendo paciente, no gritando o regañando, y manteniendo una comunicación activa e información correcta y constante"

¿Cuándo se inició como partera?


“Me inicié a los 16 años, siendo instruida por las parteras longevas en mi comunidad. Cuando tuve mi primer contacto con las mujeres embarazadas me encontraba un poco nerviosa porque era responsable de la vida de la mujer y del bebé, así como de los niños que ya tenía, pero tenía que estar segura para poder dar lo mejor”.

¿Cómo era el lugar donde atendía los partos?


“En los casos en que ellas venían a mi casa las pasaba a un cuarto que tenía en aquel tiempo, era totalmente de madera y solo tenía

una puerta sin ventanas y las pare- des estaban forradas por mantas o sábanas para mantenerlo con una temperatura de calidad. Tenía un catre (cama de tela), donde la mujer se recostaba en posición de parto para esperar a que diera a luz”.

“La mayoría de las veces iba a la casa de la gestante, llevaba mi equipo completo para poder trabajar, y como gran parte de las señoras no tenían un catre, debía de usar la mesa como cama, la cual, se cubría con una manta limpia, y para que no fuera tan incómodo, se colocaba un colchón de pasto debajo”.


¿Qué equipo ocupaba?


“Todas las parteras de mi comunidad tenían contacto con el hospital de la región, es ahí donde nos proporcionaban cintas para amarrar (ligar) el cordón del bebé, también llevábamos una tijera para cortar el cordón, la cual lavábamos y hervíamos bien para que estuviera limpia y después la cubríamos con una manta blanca, también disponíamos de mantas grandes para la madre y el bebé”.


¿Qué actividades realizaba primero al momento de atender un parto?


“Una de las primeras actividades que realizaba como partera, era generar en primera estancia un trato digno a la parturienta siendo paciente, no gritando o regañando", y manteniendo una comunicación activa e información correcta y constante, para que la gestante se sintiera cómoda al momento de su parto. Después las bañaba con agua antes de que se acostaran para que estuvieran limpias en el momento de dar a luz. Posteriormente les daba un té de canela y pimienta, esto les servía para que el parto fuera un poco más rápido y la madre estuviera más tranquila.


Consecutivamente, sobaba el abdomen de la madre para saber la posición del bebé, esto lo realizaba de una forma firme, sin generar dolor, buscaba las nalgas (glúteos) y la cabeza. En caso de que le faltara tiempo para parir, les sugería caminar alrededor del cuarto para que el parto pudiera producirse adecuadamente.

¿Cómo hacía para saber que ya era el momento del parto?

“Esperaba a que se viera la cabeza de bebé y sabía que estaba lista, le pedía a la madre que empujara respirando por la nariz y no por la boca, recibía al bebé y lo cubría con la manta, así mismo, ligaba su cordoncito a tres o cuatro dedos para así poder cortarlo, y se lo entregaba al padre para esperar a que la placenta saliera completa”.

¿Cómo sabía que la placenta estaba completa?

“Al momento de salir, la colocaba en una cubeta con agua y la lavaba bien, después la revisaba para ver que no le faltara ningún pedazo”.


¿Qué hacía cuando le faltaba un pedazo?


“En repetidas ocasiones me sucedió que le faltaba un pedazo y lo resolvía sobando el abdomen de la mujer de arriba hacia abajo con aceite de olivo, nunca les metí los dedos como ahora. También mientras lo sucedido le daba a tomar un té de Zoapa y panela, dicho té ayudaba a que descendieran los restos de placenta.”


¿Posterior al parto qué recomendaciones les hacía a las mujeres?


“Atendía a la criatura (bebé), lo primero que hacía era que comiera, esto les servía a los dos, para que el niño se pusiera más calientito y la madre no sangrara mucho. Después de que comiera, lo bañaba con agua calientita y le revisaba el cordoncito, lo cubría con un pedazo de manta y con un poco de aceite de olivo. Para la madre se pedía que le hicieran un caldo de gallina de rancho, para poder recuperas fuerzas y también tomar té de romero tibio”.


¿Cuántos partos cree que atendió y en cuántos de ellos murieron?


“Durante toda mi vida como partera atendí aproximadamente mil partos, de los cuales solo presencié una defunción por motivo de que la presentación del niño era podálica, lo detecté, pero por falta de tiempo el bebé nació muerto; situación que se comentó al esposo a quien se le indicó que tenía que ir al hospital más cercano para llevar a cabo el trámite correspondiente.”

¿Se siguió preparando en la partería?


“Si, me seguí preparado para ser una mejor partera, por lo cual cuan- do se ofreció un curso de atención en el parto en septiembre de 1973 por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), lo realicé y recibí un certificado con una nota de felicitación por la superación obtenida aun siendo una persona analfabeta. Después del curso, el hospital de mi comunidad me obsequió con instrumental para atender mejor a las gestantes, entre ellos recuerdo eran un par de pinzas para el cordón, tijeras y mantas.”


¿Ha transmitido sus conocimientos?


“Traté de hacerlo, pero a las mujeres más jóvenes ya no les interesaba, y a las que tenían un poco de interés sus esposos no les permitían ejercerlo porque tenían que atender la casa y a sus hijos.


Al concluir la entrevista, se obtuvo una satisfacción personal por parte de los entrevistadores así como de la invitada, quien manifestó que estas preguntas le habían hecho recordar sus vivencias, y se sentía muy feliz por poder compartir su experiencia en este momento de su vida, en el que ya se encuentra retirada. Al concluir se reflexionó sobre lo aprendido, llegando a la conclusión de que podemos determinar que la práctica de ahora basada en evidencia, no es tan diferente a la que realizaban en la década de los 70, al igual que la humanización que debe tener quien atienda a la mujer embazada, recibiendo un trato digo para que ellas se sientan en confianza y puedan disfrutar de este bello momento de su vida.


Autores

Juan Daniel Suarez Máximo Miembro de la Red Mexicana de Enfermería en la Prescripción, Titular de la Oficina de Educación de la división Puebla de la Asociación Mexicana de Estudiantes de Enfermería y Coordinador de la campaña U-Nursing LatAm de Growing Up Foundation.

Johan David Tapiero Rojas Presidente de Growing Up Foundation, Director Global de la Campaña U-Nursing LatAm, Docente Universitario.

Juan Miguel Cabral Aviña Miembro de la Red Mexicana de Enfermería en la Prescripción y Titular de la Oficina de Comunicación división Zacatecas de la Asociación Mexicana de Estudiantes de Enfermería.

Flores Ramiro Javier Estudiante de la Licenciatura en Medicina General y Comunitaria

Publicación original: Revista de enfermería

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