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...La llamada rompe el silencio, son unos brazos de voz que intentan recoger un sueño...


Suspira tranquila mientras acaricia su vientre de luna, la noche la ilumina. Hoy el tiempo parece algo extraño. Tantas horas, ella impasible a su paso. Ni siquiera cree que hayan pasado meses pero ahora el tiempo entre cada ola parece leche y se lo bebe tranquila.

“Ven pequeño, ven mi niño”. Sonríe a la sonrisa que cuida sus cien latidos, que como gato camina sigilosa en el olvido. Se hunde en lo profundo,

atraviesa oscuridades, buscando algo que es suyo, a ratos olvida que era. Aparecen entonces unas manos que ama, que dan fuerza y aseguran. Se hunde pero no se ahoga, sueña despierta entre olas. Se levanta, camina, para, se queja: “¡¿por qué no acaba?!”. Demasiada espera. El corazón anhela con fuerza, lucha por tener lo que el alma ya besa. La llamada rompe el silencio, son unos brazos de voz que intentan recoger un sueño. No queda nada por dar. Lo entrega todo y todo vuelve a sus brazos. El paraiso descansa en su seguro regazo. Ya está. Se acabo la espera. Vida tibia respira tranquila sobre su pecho. Ojos, amor, cuidado, alimento y lágrimas felices inundan la cama con miradas complices desde esquinas cercanas.

Todo va a estar bien, pequeño. Mamá esta aquí. Sonríe el alma orgullosa. Pudo. Puede. Que se lo griten al mundo, que esto apenas comienza.


Autor desconocido

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